recuerdos, de todo tipo

Estoy trabajando en dos lugares. Ambas instituciones privadas, una grande, otra pequeña, una con amplias facilidades, otra con unas cuantas menos, pero en ambas, por igual gratificante: trabajo con niños...
Sé que tal vez a muchos de ellos solo este años los veré como mis alumnos, y eso es algo de lo sacrificado que tiene el ser maestra de preescolar, que por lo general a los niños solo los tienes contigo un año.
Un año en el que debes procurar llenarlos de tu amor, enseñarles todo lo bueno que puedas del mundo, y colaborar con lo más que puedas en la formación de estas personitas como seres útiles a la sociedad.
A través de ya varios años de trabajar en mi campo, de haber conocido más de 1000 sonrisitas diferentes, muchísimos bracitos amorosos a mi alrededor y demasiadas mentecitas ávidas de aprender todo lo que la vida tenga para ofrecerles, me he dado cuenta de que la huella que se puede dejar en una persona al enseñarle, al ser -utilizando en forma correcta el término- su "maestro", es profunda, y dependiendo de cómo se logre interactuar: imborrable!
La mayor esperanza que tengo al ser maestra es lograr que todos esos enanillos me recuerden con cariño, que la imagen de la "teacher" sea algo agradable de recordar.
y viéndolo bien, creo que algo de eso he logrado comprobar, cada vez que voy por la calle y escucho alguna vocecilla blanca que me grita desde la otra acera:
"tiiiiiiiiiiiiiiiiiicheeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerrr"

























